El traspaso

Sustituir, mudar, trocar, change, cuatro palabras para decir lo mismo. Prefiero usarlo como producto de cambio.
Así nomás es...me decían. Yo me preguntaba y miraba al techo, intentaba copiar alguna bataclana de Toulosse Lautrec (sin saber quien era) para no responderme eso que me inquietaba.
Por qué perdía más tiempo queriendo escuchar Jeremy de Pearl Jam y no seguir jugando con mi Playmovil favorito, que aunque tenía el flequillo medio chueco y lo había bautizado como "Dani", me servía como objeto lúdico que entretenía, cumpliendo además el rol de amigo imaginario.
Unos decían que era la edad, otros que luego me pasaría pero la verdad era que en mi interior y en mi sala de controles (o azotea, o mate o simplemente cabeza asociada a mente) se reemplazaban costumbres, formas de vestir y hasta la estatura se iba elevando (y eso que no había comido, que yo recordara, ninguna galletita u hongo como la pobre Alicia del cuento).
Cansado de que me digan un montón de mentiras discretas, me puse a investigar, a curiosear como era... todo era gracias a la Biología: estaba creciendo nomás.
Alguien pesimista me dijo que era tiempo de tomar responsabilidades y que no me asustara si mi timbre de voz cambiaba pareciéndose a algún especímen gallináceo silvestre.
Me tensionó, no quería reemplazar juegos, dulces y cualquier otro privilegio de niño, pero fue imposible. Crecer es traspasar, es reemplazar la contestación tradicional de estímulos, es caminar hacia un encuentro con otro tipo de verdades.
Lo importante creo, es no perder esa habilidad para pintar una manzana de azul, tocar el timbre del vecino y hacerse humo o cantar frente al ventilador de pie.
Se debe soñar, crea, pintar y ser niño siempre aunque nuestros adultos nos digan que la realidad en la que vivimos no tenga conejos, Alicias, reinas ni espejos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las ganas

Las cucarachas

Hay ropa de hombre en mi cama