La caja

Para cada momento de lo que va pasando por esta gran ruta gris que nos toco transitar, decidi inventarme cajas, que son depositarias de situaciones y dias en los que se retratan casi de manera singular, las coordenadas de tiempo y espacio. Que a su vez nos indican que respiramos, que sabemos sacar agua de nuestros ojos y que también nos hacen caer en cuenta de que podemos producir un estado de éxtasis con el solo susurro de palabras desteñidas cerca del oído de otro ser, que puede asemejarnos, pero que en realidad es otro planeta que gira muy próximo a nosotros.
Pero, toda esta perorata cabe para contar que decidi tomar entre mis manos una de esas cajas y mirar, guardar, abrir, cerrar y depositar todo lo que senti y vivi esa noche del 19. La energia del lugar elegido era apropiada para realizar "el" encuentro en donde pueda buscar en cada invitado esa pequeña llama que si bien, no diariamente la puedo descubrir, se que esta ahí, a veces incandescente, y otras muy, pero muy escasa, pero está.
Puse a prueba un poder de aglutinar y saber llegar hasta estos seres que si bien, no poseen nada en común entre ellos, mi pequeña llama se que de alguna manera los une. Siempre quise preguntar acerca de esta rara facultad, que si bien en un comienzo no quise percartarme de su existencia, pero que los espejos con pies me lo hacían ver.
Cavidades plásticas cargadas con aire y una pequeña porción de Oriente capturada entre papeles rojos e hijos dorados materializaban aquello que espero, que siento sentir, que no me deja dormir, que me inquieta.
Si bien todo estaba iluminado de una manera intimista, el ambiente de calidez solo se lograba con los seres que asistieron a esta convocatoria. No quiero pecar de poseer amnesia pero, vos sabes, vos me viste desde algun otro lugar y desde algun punto del limbo donde se que sigo conectado a vos.
Esta caja y esa noche son como pequeños ladrillos de esta construcción que debo continuar realizándola, claro, sin vos como maestra de obras.
Al terminar sentí todo en silencio. La puerta se cerró, las luces se apagarón, terminé caminando solo por la calle y al llegar de nuevo a tu lecho... dormí, no antes de haber escuchado como candadeaste el seguro de esta caja tuya, que me tiene adentro, que me sigue conteniendo, que a veces se muestra sin paredes, que a veces me sume en un silencio tibio...

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