Retina fotosensible a diversos rostros. Todo en una noche

El lugar presentaba colores terracota y pálidos por donde se lo mire. Se sabía que no sólo la Bohemia sonaría de fondo. Por extraño sortilegio, se me concedió la facultad de escuchar todo, ruido, frenadas sobre Mcal. López y hasta lo que se callaba.
Primero divisé a los europeos felicitándome por las clases de salsa compartidas, luego apareció ese extraño y creado objetivo con sabor a onthos, que había producido en mí una especie de enamoramiento a lo "Fast food", solo con la estricta aclaración de que el servicio no incluiría el delivery, pero la lectura de menú si.
Bastaron pocos minutos para empezar a repetir frases y muletillas tratando de trasmitir la alegría del encuentro (aunque suene a slogan de cerveza).
En un momento me sentí desarticulado y perdido en alguna dimensión desconocida. Me pregunté si podría manejar todo eso. No solo buenos deseos recogí, hubo de todo, llantos con lagrimas que gritaban melancolía, exigencia de abrazos y hasta un pequeño repuesto de bebida alcohólica en mi vaso que hacía rato pedía hidratación.
Balance. Buena onda. Buen comienzo. Un placer conocerte. Vení con nosotros. Te quiero... con todo esto no hace falta libros de autoayuda.
El combustible para continuar la marcha no está a orillas del Río Piedras, está en los demás, seguirá estando ahí, por más que solo valga una noche para descubrirlo...

Comentarios

KuruPicho ha dicho que…
Buena foto. saludos

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