Adiestrados

Eso que dejé entre tus ojos
fue amor adulto e irresponsable,
detectado por la caravana de perros
que olfateó sus sílabas más fétidas.
Yo mismo adiestré a los cuadrúpedos
para que ataquen ante el primer engaño.
Que destrocen cada palabra tirada al viento
por tu boca insolente, lila y sin una pizca de sal.
Que ni ladren para evitar el escape de la histeria,
que rasguen, muerdan sin dejar ninguna letra moviéndose.
Y lo más vital, que no dejen ninguna carnecita de espera...


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