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Su palabra vino con la lluvia,
desordenando el fuerte
moviendo los adjetivos
disolviendo dogmas en el viento.
Jugar es descalzarse en el recreo de la furia.

Interrogó a la espera
convertida en oscura tarántula
que paseaba por su vientre.
Las margaritas marchitas de tantas preguntas.
Creer es abrir la boca para escapar de uno mismo.

Puso en sus manos las agujas, la ilusión.
Dejó rodar el ovillo hasta la madrugada,
hasta el último canto del minuto cero
Tejer es contar los centímetros de cada sueño.

Sacó la fiebre de su caja más brillante
Y la manchó en su frente.
Dormir sin su aliento es hazaña cotidiana.

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